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MUCHOS NOS LLEVAN LA DELANTERA

Muchos cristianos bautizados, aunque son considerados practicantes, de hecho no lo son, pues sus actitudes diarias en la vida distan mucho de haber abrazado plenamente el camino del Evangelio.

P. José Antonio Esquivel, S.J.
 
No es suficiente una adhesión puramente verbal en el plan de salvación, una adhesión de cumplir "por si acaso". Es necesaria una actitud encarnada en la acción de la vida concreta.
 
Muchos cristianos bautizados, aunque son considerados practicantes, de hecho no lo son, pues sus actitudes diarias en la vida distan mucho de haber abrazado plenamente el camino del Evangelio.
 
Muchos cristianos siguen siendo como aquellos que un día gritaban "¡Hosanna al Hijo de David!", y a los pocos días "¡Crucifícale!". Su modo de actuar y proceder no está muy lejos de un paganismo cubierto de religiosidad "a mi manera", donde acepto lo que quiero, critico cuanto deseo, y soy o no soy de acuerdo con las circunstancias, influencias y momentos. Es por eso que Jesús es tan tajante al decir que las prostitutas y los publicanos nos llevan la delantera en el Reino de Dios. ¡Cómo no!
 
Pablo insiste en que tengamos los mismos sentimientos de Jesús; que no hagamos nada por rivalidad, ni orgullo, que no haya en nosotros ni vanidad ni soberbia, que nadie busque sus propios intereses, que veamos a los otros como superiores, que busquemos siempre el beneficio de los demás, que seamos humildes, sencillos, unidos al amor trinitario.
 
No nos aferremos a nuestro orgullo, soberbia y vanidad. Seamos capaces de ser humildes, obedientes a Dios, a Su Iglesia, y aceptemos la Cruz de la vida. Cumplamos todo sin queja, ni discusiones. Ordenemos nuestra vida según el Evangelio.
 
No podemos quitar y poner al Evangelio. No podemos otra cosa que optar y vivir en solidaridad, en justicia con todos; y tener una especial entrega con los no favorecidos, los marginados de la sociedad. Jesús vino a salvar a todos, especialmente a los más apartados, lejanos, a los desvalidos. Así tiene que ser nuestra vida.
 
No porque tú o yo digamos "Señor, Señor" entraremos al Reino de los Cielos. Solo cuando esta aclamación se dé luego de servir al otro, de entregarme a la evangelización y siendo testigo con mi vida y mis obras; cuando no tenga que decir lo que soy con palabras, sino que mis hechos digan y proclamen que Jesús es el Rey, Señor de Señores, centro de mi vida.
 
Sí, porque hay muchos que nos llamamos cristianos, pero nuestras actitudes son farisaicas. ¿De qué vale una vida que no es? ¿De qué vale pretender lo que no soy?
 
Por eso muchos nos llevan la delantera en el camino de la Salvación.
 

Escrito Por: david.calc
Fecha Publicación: 25/09/2008
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