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EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO
Así comienza toda actividad religiosa, pues así tiene comienzo la vida del cristiano, invocando a la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es un misterio de fe, y una realidad que «rompe» nuestra lógica humana. Jesús nos habla. Constantemente hace referencia al Padre. Y no sólo nos habla, sino que Su vida fue siempre «hacer la voluntad del Padre».Gloria al Padre. Dios no sólo es Padre porque nos ha creado, sino que la paternidad de Dios se refleja en el amor incondicional que Él nos tiene a cada uno y a todos. Es impresionante la cantidad de pasajes bíblicos en los que se percibe la ternura del Padre. Es tal como la que nos habla el Profeta Oseas, «regresa a mí Jerusalén, yo seré un ciprés para ti, te daré sombra...», o aquella de Jeremías, «Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en su corazón, yo seré su Dios, y ellos mi pueblo». El amor del Padre es incondicional, tierno y profundo: «Antes de que tú nacieras, ya yo te conocí, y te di un nombre...».Gloria al Hijo. Jesús nos revela la grandiosidad del Padre y, por ende, la suya. «Nadie conoce al Padre sí no me conoce a mí». «Conocer», no en el sentido del conocer intelectual, sino en el conocer existencial «saber desde lo vivido», desde la vivencia, experiencia, como dice San Juan: «El Verbo que en el principio estaba junto a Dios y que era Dios».Jesús es también «la imagen de) Dios invisible», como decimos en el Credo: Dios verdadero de Dios verdadero. Todo esto enmarca a Jesús, en Sus acciones, en Su vida, en Su entrega, y en la donación de todo Su ser. La Buena Nueva, el Evangelio, no es más que «la Epifanía» de «Dios con nosotros». Jesús, el Hijo del Padre, cabeza del cuerpo, que somos nosotros, el único que nos libera del espíritu del mal.Es en nombre de Jesús que se invoca al Espíritu Santo y se reprende al espíritu del mal. Jesús nos anuncia la venida del Espíritu: Él nos conduce a la verdad completa.Gloria al Espíritu Santo. Con la llegada del Espíritu se revela la plenitud de la Trinidad. El Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida, que procede del Padre, el Espíritu del Padre y del Hijo. El que da gloria al Padre lo hace por el Hijo, en el Espíritu Santo. El que sigue a Cristo es atraído por el Padre y movido por el Espíritu Santo.Dios es un Dios relacionador: su trato es personal con cada uno de sus hijos. Jesús lo dice claramente: Todo lo mío es del Padre, todo lo del Padre es mío y... asume Jesús que todos (nosotros), los que Dios le confió, gozarán de la gloria del Padre. No nos deja solos; nos envía al Espíritu Santo, y el Padre y Él habitarán, harán morada en nosotros.Démonos cuenta del cuidado, del amor incondicional y la ternura que la Trinidad tiene para nosotros y que lo que normalmente hacemos de costumbre, santiguarnos, sea para nosotros lo que es: ponernos a invocar la presencia de la Trinidad.¡Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo!
Escrito Por: jorgeluisFecha Publicación: 12/06/2009Visitas: 232 Return |
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