Antes, durante y siempre, Jesús nos habla de la paz. Jesús —su saludo— es paz. «Mi paz les dejo, mi paz les doy». La paz es el signo de la liberación, y la liberación solo se da en Jesús. La liberación es Jesús.
Sólo en Su entrega total, en el abandono de Sí mismo; sólo en la entrega del Yo en el Tú de Dios, se da la liberación.
La paz es la consecuencia del ofrecimiento de uno a Dios, porque sólo en el vaciarse está la libertad. Sí, porque sólo puedo vivir en paz, si vivo en Dios; y es en el proceso de vaciarme y dejar que la paz me llene, que cale en mí, donde y cuando trasciendo.
¿Quién vence al mundo? El tener, el poder, el dominar.
¿Quién vence? El que deja ser a Jesús en sí mismo, el que se vacía de sí, acepta la verdad, la paz, como experiencia real.
La paz es la experiencia de Dios en uno.
Cuando hay paz, no hay guerra.
Cuando hay paz, hay serenidad.
Cuando hay paz, hay amor.
Cuando hay paz, vive Dios.
Quien vive en paz, vive en la verdad. La paz es la vivencia, aquí y ahora, de la vida eterna.
Vive, pues, en paz, y vivirás en Su Presencia...