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NO HACEN LO QUE DICEN

No se trata solo de anunciar el Evangelio, la Palabra de Dios, sino anunciarla en toda su integridad, y, sobre todo, encarnarla en la propia vida. Es por esto que el anunciar la Palabra, el ser evangelizador, reviste un carácter de particular responsabilidad

Los escribas y fariseos son duramente criticados por Jesús en el evangelio de Mateo 23, 1-12, porque, conociendo la Palabra de Dios, no la practican: "Dicen y no hacen".
 
Esta realidad de falta de coherencia la percibimos aún hoy. Una vida que no anuncia lo que dice creer, provocando en otros un antitestimonio, escándalo, y hasta aversión a seguir a Jesús, porque los que nos llamamos seguidores de Jesucristo y Su evangelio no somos coherentes, nos hace, de hecho, los escribas y fariseos de hoy.
 
San Pablo en la 1era. de Tesalonicenses nos demuestra la actitud del que sigue a Jesucristo: "Deseábamos entregarles no sólo el evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas". San Pablo, consciente de las exigencias de la misión, se dedica a su ministerio con generosidad y coherencia, observando el Evangelio.
 
Los seguidores de Jesús se refugian en la humanidad pecadora de la cual todos somos partícipes. San Pablo traspasa en el servicio. Aquello que nos hará libres es el servicio. Al servir, nos sometemos a Dios, a Su voluntad. Ser seguidores de Jesús es ser servidor de la Palabra de Dios.
 
La predicación de la Palabra conlleva predicar desde el ejemplo mismo de la vida en Cristo. El ejemplo de vida es el mejor predicador de la Palabra de Dios.
 
Cuando Juan le preguntó a Jesús dónde vivía, Jesús le dijo "Ven y ve". El testimonio de vida es aquel que atrae o aparta.
 
La Palabra de Dios es fundamental para el creyente. Dejarse interpelar diariamente por la Palabra es dejar que Dios nos hable. Quien no oye la Palabra de Dios, quien no la medita, quien no la estudia, no se deja interpelar por Él, no puede fundamentar su fe en la roca que es la Palabra de Dios.
 
Nuestra vida es parte integral de la historia de la salvación. Así como hay un Antiguo Testamento y un Nuevo Testamento, nuestra fe de cristianos en estos siglos ha escrito, escribe y escribirá el Testamento Contemporáneo. Dios habla hoy a Su pueblo. Dios siempre ha hablado.
 
Abramos nuestro corazón, y dejemos que se abran nuestros ojos y oídos para ver, oír, conocer y entender la Palabra de Dios para que nuestra lengua la proclame, para gloria de Dios y la conversión de la humanidad.
 
Vivamos lo que creemos y prediquemos lo que hemos aceptado como verdad. Acojamos Su Palabra y aceptémosle a Él.

Escrito Por: jorgeluis
Fecha Publicación: 31/10/2008
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