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¡QUE LLEGA EL ESPOSO, SALID A RECIBIRLO!
El discurso escatológico tiene un sentido especial para estos domingos últimos del año litúrgico. La vida terrena del cristiano no termina en el vacío, sino en el encuentro con Cristo. La sabiduría no se deja poseer por aquellos que la buscan. Mas aun, ella misma va en busca de cuantos son dignos de poseerla. La actitud de disponibilidad y de espera permanentes del "esposo" es necesaria para entrar en el banquete. Muchas veces los cristianos hacemos una división de esta vida y la vida de los Bienaventurados, la vida eterna. Dios es eterno y nos llama a la Vida, la vida de los bienaventurados; no nos llama sólo a esta vida terrenal. Su "Vocare", Su llamada, es para LA VIDA con Él para siempre. Todos hemos sido invitados al banquete celestial. Esta vida terrena no tiene sentido con la muerte física, pues al deshacerse nuestra morada terrenal, todos tenemos la posibilidad de tener una morada en la casa del Padre.
La vida terrena es un "paso" a la Vida que no se acaba. El encuentro con Cristo se da a través del Bautismo, donde desde ya morimos con Cristo para vivir en y con Él. El cristiano "goza" ya de las primicias del Reino en la medida en que, como Bautizado, vive en Gracia, participando de la vida eclesial, de los sacramentos y sirviendo al Pueblo de Dios, que somos todos.
Este encuentro con Cristo, esta vida con Cristo aquí y ahora, es vivir en disponibilidad y obediencia a la voluntad de Dios; es vivir en la búsqueda constante, continua, permanente de vivir en Cristo; es hacer vida las frases de San Pablo: "Para mí la vida es Cristo", "No soy yo quien vive en mí, sino Cristo". "Las bodas", "el banquete" pueden ser una realidad aquí y ahora, si le decimos sí a Cristo, si le permitimos a Dios ser el centro de nuestras vidas.
Estar preparados al encuentro con Cristo es una condición de disponibilidad al encuentro, basada en la vivencia profunda y verdadera del mandamiento de amor al prójimo y a Dios. La "preparación al banquete" es nuestra entrega al servicio de los otros, al vivir en la justicia, en la verdad; es ser para otros, Cristo; ser peregrinos de las bienaventuranzas aquí y ahora. Seremos juzgados en y por el Amor. No hay amor sin justicia y sin paz.
Nos recuerda la Primera Lectura que la Sabiduría "no se deja poseer, sino que sale al encuentro de los dignos de ella". "El deseo de sabiduría conduce al Reino", "Solo los justos viven eternamente", "Los que observan Su voluntad serán santos". Todas estas afirmaciones del Libro de la Sabiduría son ecos del mandamiento de Amor que Jesús nos dio.
Ser sabio, es ser bienaventurado. Ser bienaventurado es vivir disponible, abierto, preparado para el encuentro con Cristo.
¡Estad preparados porque llega el esposo!
Dios quiera que sí, que ya seamos de los peregrinos del camino de las Bienaventuranzas; y, si no, aún estás a tiempo para el encuentro, la conversión en y con Cristo.
¡SALID A RECIBIRLO!
Escrito Por: jorgeluisFecha Publicación: 06/11/2008Visitas: 124 Return |
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