P. José Antonio Esquivel, S.J.
La vida está hecha de las interrupciones de nuestros planes, pues el plan que se cumple es el de Dios. Dios no puede ser reducido a nuestros esquemas. Sus pensamientos y Sus caminos no son los nuestros.
Cuando uno elige, acepta la opción por Dios, lo hace al mismo tiempo de oír Su voz, seguir su camino, aceptar y cumplir Su voluntad, Su plan. Dios actúa de acuerdo a la bondad, la justicia, la misericordia, en gratuidad.
En la medida que nuestra vida esté más cercana a la vida del Evangelio, mientras sean más las cosas que nos unen a Cristo, que aquellas que nos separan; en la medida que nos vamos desprendiendo de nuestro actuar por cuenta propia, por nuestros planes, por nuestros deseos, nuestro orgullo, soberbia y vanidad; en la medida que vamos apagando rumores, ruidos y voces para escuchar la voz de Dios, entonces comenzaremos a acatar, a aceptar Su plan en nuestra vida. Sí, pues aunque no comprendamos Su plan de inmediato, aceptamos, asumimos que Su gratitud es siempre para el bien.
Este cambio interior en nosotros nos lleva a desprendernos de todo lo que hemos creído saber, tener y poseer. Nos damos cuenta de cuán relativo y pasajero es todo. Nos lleva a comprender que lo absoluto, lo eterno, es la vida en Dios, en Su amor.
San Pablo, al tener ese conocimiento interno exclamó "para mí la vida es Cristo". Esta realización interior necesariamente provoca en uno el cambio interno y externo radical que nos lleva a darnos, a servir, a predicar con nuestra vida la Buena Nueva, el Evangelio. Entonces no seguimos midiéndonos en el otro o los otros, no celamos ni envidiamos, no enjuiciamos ni condenamos, sino que vivimos en Su justicia, Su verdad, Su misericordia y Su amor.
Dios quiera que tengamos la fuerza y la valentía de desnudar de nosotros todo aquello que entorpece nuestro vivir en Su voluntad y profesar una vida de servicio y de entrega, de justicia y de paz, de alegría y amor; una vida que sea de, con y para Jesús.
Que Su plan sea el nuestro y Su voluntad la nuestra. Que Su vivir y obrar sea el nuestro; y así poder decir:
Para mí, la vida es Cristo.