P. José Antonio Esquivel, S.J.
La lógica de los hombres no es la lógica de Dios. Jeremías (Jr. 20, 7-9) se lamenta de los resultados de su misión. Por eso dice: "La Palabra del Señor se volvió oprobio para mí".
Cuántas veces en la vida, aquel o aquella que está siguiendo los caminos de Jesús y trabaja para Su Reino, se frustra cuando en su trabajo no se ven los resultados, cuando es mal interpretado, cuando el seguimiento de Jesús, el seguir Sus pasos y vivir Su Evangelio, se convierte en piedra de escándalo, mala interpretación y difamación.
No obstante, cuando se opta por caminar con Jesús, la lógica humana no es la que impera, sino la lógica de Dios. Entonces, es caminar por el camino de las bienaventuranzas, camino de santidad.
El camino de las bienaventuranzas es una opción de trascendencia; es decir, dejar atrás todo y todas las reacciones "humanas", seguir el ejemplo de Jesús, y saber ir muriendo a todo aquello que no sea vivir en servicio y entrega. Es el camino de la mansedumbre, de la humildad, camino que lleva consigo dejar atrás todo equipaje, despojarse, y asumir todo lo que conlleve vivir haciendo el bien.
La debilidad de otros, los juicios y perjuicios, las infamias, las mentiras, hasta el morir de cada día, todo deja de tener importancia, pues lo importante es ser y estar con Jesús. La conversión lleva consigo el morir a uno y el asumir a Jesús, ésta es la realidad del que asume su bautismo: morir con Cristo para vivir con Él.
Negarse no es el masoquismo de denegar lo que Dios ha hecho: somos Sus criaturas. Es negar todo aquello que no sea vivir en el anonadamiento, en la mansedumbre, en la humildad, defendiendo la justicia y viviendo en la verdad.
Seguir a Jesús es cristificar nuestra vida en todas las dimensiones de nuestro ser, vivir y actuar. Aquí está la gran lucha del despojo humano, de morir al hombre viejo del que habla San Pablo y realmente asumir a Jesús, vital y totalmente. Esto implica mucho. Implica dejar mucho y solo caminar, aunque se camine en soledad, teniendo siempre como respuesta el perdón, la comprensión; teniendo como vida el ejemplo de Su existencia; teniendo como modelo las bienaventuranzas.
Uno no se busca la cruz de la purificación. Esta llega; y al llegar, uno o la asume o la rechaza. Sólo asumiéndola hay liberación, porque sólo así y así solo, uno es de Cristo y Cristo se realiza en uno para el bien del mundo y la Gloria de Dios Padr